Incluirlos en la dieta infantil es una sana opción para que los niños se acostumbren a su sabor, aunque con precaución si son menores de dos años ya que al ser frutos de tamaño pequeño podrían atragantarse, también son difíciles de digerir por su concentración grasa, y pueden desencadenar alergias.
Hay que observar y conocer bien el ritmo evolutivo del niño a la hora de masticar, en general, no coordinan bien los movimientos de masticación . Siempre al ofrecerles a los chicos de menor edad estos frutos es importante vigilarlo mientras comen e insistirles en que mastiquen mucho antes de tragarlos para evitar un percance.
Una buena forma de incluirlos en la alimentación es molerlos e incluirlos en la elaboración de galletitas, en ensalada, la sopa, platos de verdura o elaborar salsas para acompañar los trocitos de carne o de pescado.
Los frutos secos, dado su elevado contenido en grasas, son alimentos que, además de calóricos, son difíciles de digerir. Las cantidades que se deben consumir tanto en niños como adultos es una ración( es un puñado) para evitar que después duelan los intestinos. Son ricos en fibra, por lo que facilitan el tránsito intestinal, y previenen o mejoran el estreñimiento que con frecuencia se da entre los más pequeños.
En la composición de las grasas predominan los ácidos grasos insaturados y, entre ellos, el ácido linolénico y el linoleico. Ambos nutrientes son esenciales y el organismo humano es incapaz de sintetizar. Estos ácidos grasos resultan vitales para la formación de las membranas celulares, particularmente de las células nerviosas, que en los niños están en pleno crecimiento y desarrollo.